lunes, 22 de febrero de 2010

Las entradas perdidas (Ejercicio del 'El rastro en tu sangre en la nieve')


Luego de esperar por más de una hora en la cola, Felipe y su hijo por fin llegaron a la puerta de ingreso para la tribuna sur del Estadio Nacional. Un sujeto, que se encargaba de recibir las entradas, le pide las suyas al padre. Felipe buscó primero los boletos en los bolsillos de su pantalón y luego en los de su casaca, pero no los encontró. Hace un mes había salido de la cárcel y se puso a trabajar como estibador en el Mercado de Frutas con el fin de cumplir el sueño de la persona que más amaba en esta vida: llevarlo a ver un partido de fútbol. La desesperación se apoderó de él y aumentaba más cuando veía el rostro del menor. Una mano infantil lo tocó por la espalda. Era un niño que traía consigo las entradas perdidas. Felipe no tenía con que pagarle, tenía lo justo para regresar a casa. Solo le estrechó la mano en agradecimiento y entró al estadio.

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