
La primera vez que vi a Los Prisioneros fue en un concierto que dieron en Lima en 2002, cuando tenía 16 años. Tengo que decirlo, solo fui porque, hasta ese momento, nunca había ido a un concierto y el grupo chileno era una buena excusa para pedir permiso a mis padres, aunque solo sabía un par de canciones. La entrada que compré fue más barata, stan up, y tuve que esperar por casi dos horas para que Jorge González y su banda aparecieran en el escenario del Jockey Club. Fue divertido saltar con tantas personas desconocidas, canté cada una de sus canciones como un fanático más hasta quedar afónico. Es cierto, a Los Prisioneros lo veía como a un kilómetro de distancia, pero eso no fue impedimento para convertirme en uno de ellos. Tiempo después me enteré que sus integrantes se habían separado. Fin de la historia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario